El Secreto Para Tratar Con Los Empleados

Charles Schwab fue una de las primeras personas en el mundo norteamericano de los negocios a la que se le pagó un salario anual de más de un millón de dólares (cuando no había impuestos a los ingresos y una persona que ganaba cincuenta dólares a la semana podía vivir muy bien). Andrew Carnegie (Multimillonario, su riqueza en 1903 ascendía a 298.000 millones de dólares) lo había elegido para ser el primer presidente de la recién formada United States Steel Company. (Compañía Fabricadora de Acero. Carnegie vendió esta compañía a JP Morgan por la suma de 492 millones de dólares en 1900, para nuestra época la suma es similar a toda la riqueza de Bill Gates)

United States Steel Company

¿Por qué pagaba Andrew Carnegie a Charles Schwab más de un millón de dólares, o sea unos tres mil dólares por día? ¿Por qué? ¿Acaso porque Schwab era un genio? ¿Por qué sabia más que los otros técnicos en la fabricación del acero?

Su secreto fue revelado en sus propias palabras:

“Considero – dijo Schwab- que el mayor bien que poseo es mi capacidad para despertar entusiasmo entre los hombres, y que la forma de desarrollar lo mejor que hay en el hombre es por medio del aprecio y el aliento. No hay nada que mate tanto las ambiciones de una persona como las críticas de sus superiores. Yo jamás critico a una persona. Creo que se debe dar a una persona un incentivo para que trabaje. Soy caluroso en mi aprobación y generoso en mis elogios”

Charles Schwab

Como empleado; Cuando tenemos que realizar una tarea y esta es complicada por el volumen de trabajo que presenta, el estrés por el plazo asignado y por las tareas acumuladas en la rutina del trabajo. ¿Qué Hacemos? Generalmente nos quedamos hasta altas horas de la noche en nuestro puesto de trabajo para tratar de terminar esta encomienda, inclusive nos quedamos el fin de semana para poner fin a la labor que se nos encomendó, sacrificando horas familiares y de recreación en otras actividades.

Al final llego el día de presentar el trabajo terminado a nuestro superior, y ansiamos una aprobación por el esfuerzo realizado, pero muchas veces escuchamos las siguientes frases: Ah está bien; Por fin terminaste; Mmm podía haber salido mejor; No me gusto, hiciste todo mal; Comienza de nuevo; No recuerdo porque te contrate.

Son palabras que lastiman el orgullo de cualquier persona, no recompensan el sacrificio de un empleado en su labor, independientemente si logro el objetivo de la tarea. Además de ser palabras inútiles crean resentimiento y odio en las personas.

Todo sacerdote, conferencista u orador público sabe lo descorazonador que resulta entregarse a un público y no recibir de este ningún comentario apreciativo. Y lo que se aplica a profesionales, se aplica doblemente a empleados en oficinas, negocios y talleres.

Dejemos de pensar en nuestras realizaciones y necesidades, tratemos de pensar más sobre las cualidades de la otra persona, demos una apreciación honrada y sincera a esas cualidades. Vera los resultados en sus empleados, en su familia y en sus amigos.

“Sea caluroso en la aprobación y generoso en el elogio”

Fuente: Emprendices

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